Asi como se dice que no existen límites para amar ni tampoco en la edad para lograrlo, no hay– creo- fórmulas para despertar el interés en la pareja. Porque, si bien es cierto, tanto hombres como mujeres- a la hora de iniciar una relación lo que prima es la atracción fisica- en términos genéricos y según la edad de la pareja y de sus intereses, existen valores diferentes a la hora de entablar una relación, si es que esta se quiere proyectar. Es así- entonces- que vamos descubriendo esos pequeños grandes gestos que no sólo enaltecen a la persona, sino, nos agradan y lo hacemos parte de nuestras vidas... un ¿buenos días mi amor? ¿como estás? ¿te sientes cómoda? ¡ que linda estás! Y para que hablar de los llamados telefónicos, esos que esperas con ansias y - aunque sean cortos- te dejan un mensaje de afecto, te motivan y van contribuyendo paulatinamente al crecimiento de una relación que- tal vez – partió sutilmente pero, que con el devenir de esas actitudes nos llenan de alegría. Las mujeres- como lo he dicho en otros post- somos muy de piel, de expresar afectos y por ende, que nos hagan sentir no sólo hembras, sino personas que sabemos preservar los gestos de ese hombre que no sólo nos desea, sino también, nos quiere por lo que somos, más allá de lo físico. Hasta aquí parte del sentir femenino... ¿ y que ocurre con nuestros hombres a la hora de sentir? ¿como reciben esos gestos tan nuestros y peculiares que mis congéneres trasmiten – a veces- con una singular sonrisa, una llamada repentina, un obsequio- sin que sea el cumpleaños- o una coqueta prenda de vestir...? Dicen- por ahí- que todos los hombres son iguales, que sólo piensan en el sexo, en verdad, no lo puedo afirmar ni desmentir, sólo sé que detrás de cada hombre hay un niño que- como tal- necesita ser regaloneado, emanando de ellos actitudes de chicos mimados y- que en parte- a las mujeres nos agrada, fluyendo el sentimiento materno inherente a nosotras. No podría decir que sienten igual a las mujeres, pero sí perciben nuestras actitudes, las valoran y atesoran muy dentro de ellos, sólo que sus formas de expresión difieren sustancialmente y disfrutan tanto o más que nosotras con esa cálida caricia, esa suave mano que se desliza por su rostro; esa palabra justa en el momento de las emociones, o el beso apasionado que emana de nuestros ardientes labios al encuentro que nos convertirá en un torbellino, no sólo de gestos, sino de actitudes concretas que han sido precedidas por esa ternura que mujeres y hombres llevamos intrínsicamente, sin distingo de géneros sentimos ese placer que nos llena de gozo porque- a decir verdad- necesitamos ser amados.


















